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Schranz

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Schranz

Notapor RANTANPLAN el Sab Dic 22, 2007 5:29 pm

No se si hay algún adepto al Schranz por aquí,cuelgo este interesante artículo de lorito.net


Schranz: La Postmodernidad mal entendida


Decía Simon Reynolds en el prólogo de "Loops: Una historia de la música electrónica" que todo aquél que sostenga la dicotomía entre música para escuchar y música para bailar no puede entender que un buen bailarín escucha con cada nervio y tendón de su cuerpo. De esto hace ya casi cinco años. 2002 fue un año propicio para publicar ese libro, un momento en el que el arte digital y la exploración de nuevos sonidos de vanguardia alcanzaban cotas inesperadas en el pasado reciente. Entre esas nuevas formas de expresión, surgieron subestilos como la IDM o el microhouse, con Akufen y Ricardo Villalobos a la cabeza, cuyo propósito era ofrecer nuevos ritmos bailables sin necesidad de dejarse llevar por el beat fácil o la chabacanería propia de la nocturnidad. Nuevas tendencias que han acabado por aburrir al público y, a día de hoy, parecen haberse quedado obsoletas en favor de otras más contundentes y nocivas.

Probablemente, Reynolds hubiese matizado sus palabras de haber sabido lo que estaba por venir. Desde hace aproximadamente un par de años, algo está cambiando en el panorama de la música popular en España y otras partes del mundo. La noche se ha transformado, volviéndose más oscura, tenebrosa y descerebrada. Y como la postmodernidad mal entendida puede tener consecuencias nefastas, el schranz da buena cuenta de ello. Así es, schranz es la etiqueta de un nuevo género que amenaza con instalarse en todas las salas y raves del país, cambiando la música por el sonido más sucio posible que se puedan imaginar a una velocidad que oscila entre los 150 y 170 bpm. Un ritmo al borde de la saturación. ¿Qué agradable, verdad? ¿Seguimos pensando y bailando, Simon? Estando así las cosas, este artículo se posiciona en contra de esta absurda moda que empieza a ganar adeptos a un ritmo frenético.

El fenómeno en cuestión no sólo parece crecer sin oposición alguna, sino que además se ve reforzado por inesperados medios. Sin ir más lejos, este octubre el suplemento "EP3" de "El País" dedicaba un extenso reportaje a anunciar que el schranz había cruzado nuestras fronteras y se había colocado en nuestras fiestas, ensalzando el gran invento que supone este "new hard techno". Al adentrarme en el reportaje, mi perplejidad aumentaba por momentos. Se hablaba de la acertada recuperación de los ritmos más duros de principios de los 90, eso que se llamó "bakalao", y que suponía idolatrar de nuevo la figura de Chimo Bayo. Puestos a recuperar los momentos macabros de nuestra historia, ¿por qué no recuperar también el franquismo?

El reportaje enfatizaba la necesidad de los jóvenes de olvidarse de todos sus problemas, de aislarse. De ahí la importancia de una música tan atronadora. Ahí se apuntaba uno de los dos motivos de la aparición del schranz. El otro era la voluntad de entender la música como un fin en sí mismo. En cualquier caso, el primer motivo no deja de ser un tópico (que analizaremos más adelante) y el segundo es incomprensible. A continuación detallo algunos de los aspectos que, a mi juicio, son claves para analizar esta, llamémosla así, tercera revolución industrial. Para ello, será necesario dirigir levemente la mirada hacia el pasado y enmarcar el schranz dentro de un contexto social determinado en el que las drogas adquieren un importante protagonismo.

ORIGEN Y DEFINICIÓN
A efectos prácticos, el schranz no es más que el hard techno de finales de los 90 a una mayor velocidad en la secuencia de beats y con el pitch subido al máximo. Pero son muchos los que señalan a la industrial dance de los 80, con grupos como Front 242 o Nitzer Ebb al frente, como la prehistoria del género. En algunos lugares del planeta (mención especial para nuestro país, tierra de sabios), esta tendencia por el bombo de corte siniestro derivó en estilos como el eurobeat (¿recuerdan a Technotronic?) y de ahí se pasó directamente al bakalao, que hizo de Valencia su capital y desde ella se hizo fuerte y conquistó el resto de España. De la edad de oro de Chimo Bayo y Paco Pil hasta el mandato del schranz ha pasado casi una década. Una resurrección inesperada, pues la línea imaginaria que une estos dos puntos pasa por estilos que, a excepción del hard techno, nunca gozaron de mucho carisma entre nuestra masa, caso del gabba, el happy hardcore, el glitchcore y el punk digital, entre otros.

LAS DROGAS, SIEMPRE AHÍ
No vamos a descubrir ahora la relación existente entre música y substancias estimulantes, ni vamos a elaborar una tabla que establezca correspondencias entre drogas y variedades musicales. Las drogas siempre han estado y van a seguir estando en salas y raves. Pero hay que advertir un pequeño cambio con la llegada del schranz; básicamente, el problema reside en la propia música, no tanto en el contexto en el que se desarrolla. Y es que, no nos engañemos, con schranz a todo trapo, las drogas pasan de ser una elección a ser la única vía de escape, porque no existe otro modo de asimilarlo.

Es probable que algunos vean en todo esto a una masa juvenil necesitada de nuevas sensaciones e, incluso, una forma de ideología o estética equivalente a triunfo del punk en el 77. Algo que se dio a finales de los 80 con la expansión de las raves y la llegada del éxtasis y que significó una nueva manera de entender la música, que pasaba a ser el resultado de combinar ritmo y sensación, música y drogas. Pero cabe la posibilidad, más que probable, que esta nueva dirección del techno se deba, en parte, a cambios en los propios estupefacientes. Como El Lorito es una web musical no vamos a realizar un estudio para saber qué consumen los jóvenes por la noche, ni a analizar componentes y efectos de los nuevos estimulantes. A pesar de todo, es muy sospechosa la progresiva sustitución de las "pastillas" por el MDMA (un componente que forma parte de las primeras, concretamente del éxtasis, una droga que ya apareció en el verano del amor y que se popularizó en Inglaterra con la llegada del acid), cuyo uso ha crecido a la misma velocidad que el protagonismo del schranz.

EL CONTEXTO SOCIAL
Hay quien afirma que la ascensión de la música electrónica en general, y del techno en particular, se debe al marco social de la vida urbana. Éste se podría caracterizar por el anonimato, el individualismo, la flexibilidad y, claro, la inseguridad que provoca el día a día en las grandes ciudades. Según este postulado, los individuos se concentran en las grandes superficies para escuchar este tipo de música por dos motivos: a) como intento de retroceder siglos atrás en la historia de la humanidad para volver a ritmos primarios y tribales que nos hagan olvidar momentáneamente los problemas comentados con anterioridad; b) como expresión del anonimato del individuo del siglo XXI y finales del XX, representado por una música sin protagonista (al contrario de lo que pasa en un concierto de rock), donde prima el ritmo por encima de la melodía, propiciando un sentimiento de colectividad entre los presentes.

De esta manera, encontramos otra visión más comprensiva, casi sociológica, de este movimiento. Una forma de analizarlo más como contraposición a un sistema que exprime a las nuevas generaciones que como algo meramente artístico. Desde ese punto de vista, el schranz sería el resultado del tiempo que nos ha tocado vivir y el reflejo de una sociedad -y ahora cito a Richard Sennett en "La corrosión del carácter"- marcada por el nuevo capitalismo. Un reflejo de que los individuos se enfrentan, por ejemplo, a un mercado laboral flexible, con imprevisibles reajustes de plantilla y exigencias de movilidad absoluta. Un ámbito de transitoriedad, innovación y proyectos a corto plazo en el que es difícil reconocerse y que afecta seriamente a nuestra identidad. De ahí que muchos vean en el schranz la opción para lograr la identidad perdida. Pero a mi juicio hay fórmulas mucho mejores de lograrlo mediante la música.
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